¡Cruce la frontera sin salir de mi país!

Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos;
pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza

      Crucé la frontera. Sí. Crucé la línea sin arriesgar mi vida ni pagar a un coyote que cobra una fortuna. Crucé esa línea que me lleva a un encuentro cercano con la realidad de los migrantes, crucé ese muro donde encuentro diversidad de cultura. Al estar del otro lado de la frontera encuentro desierto, soledad, desesperanza, angustia, tristeza, desanimo, pero también veo unos ojos llorosos que se niegan a perder la ilusión y el deseo de buscar algo mejor.

       Desde hace algunos meses (aproximadamente seis meses) tratamos de cruzar todos los sábados la línea divisora sin salir de la ciudad. Cada sábado un grupo de amigos nos dirigimos a la frontera y entramos a un lugar que se llama Instituto Nacional de Migración. (INM) se encuentra a un costado de Galerías (un área comercial en Hermosillo que contrasta con la realidad que se vive dentro de las instalaciones) Y como cualquier migrante a veces nos es imposible pasar por diferentes motivos que no se comparan a lo que viven los migrantes en su caminar. A nosotros a veces nos niegan el paso porque hay algún tipo de revisión dentro del INM y nos regresamos tranquilos a casa, mientras que a los migrantes son capturados por la migra y para que lleguen a su casa a veces tardan una semana (cuando les va bien) o tardan más de ocho meses, mientras están encerrados.

       Al cruzar la puerta café de hierro nos reciben amablemente dos guardias (que por cierto nos conocen como “los hermanos”) entramos y nos registramos en un libro, después pasamos por otra puerta y llegamos a lo que es el comedor donde esperamos encontrarnos con los migrantes. A veces nos encontramos con más de treinta o menos de diez personas.

       Salen con miedo, callados y asustados, ¡pues claro no es para menos todo lo que han vivido! Me imagino que al vernos piensan que vamos a interrogarlos, cuestionarlos etc. Ellos para mí son unos desconocidos al igual que yo para ellos. Nunca antes nos hemos visto y quién sabe si nos volveremos a encontrar. Después de este primer encuentro, tratamos de romper el hielo. Cada uno dice su nombre y de donde es originario. He conocido a Chapines, Catrachos, Guanacos, Haitiano, Hindú y Japoneses (creo que eran de Japón) Una vez que nos presentamos los invitamos a colorear. Sí, a colorear unas mándalas, al principio alguno les cuesta trabajo hacer esta actividad, pero he descubierto a través de ellos que el arte es un medio que ayuda a tranquilizar el corazón, a conectarse con uno mismo y a ordenar algunos sentimientos.

      Mientras colorean compartimos el café y galletas. Me da alegría cuando sonríen por una taza de café porque creo que recuerdan su tierra. También llevamos una guitarra donde compartimos y cantamos algunas canciones de su tierra, pero la que más tiene éxito es la de Speedy Gonzales. Ya que no es solo para niños también los adultos se ríen mucho.

       ¿Qué rostros encuentro al momento de cruzar esta frontera?

       Desde diciembre no he dejado de pensar en Tomas un niño de 10 años. Al verlo fue algo impactante ya que él estaba solo, ver su cara triste y llorosa, recuerdo que quise platicar con él, pero no pude. Tenía una mirada cabizbaja, solo recuerdo que me dijo que su mamá y papá estaban en el “otro lado” mientras duramos allí, no dejaba de llorar (casi siempre duramos dos horas) ¿Cómo es posible que un niño de diez años este viviendo este tipo de experiencia? ¿A caso los niños no juegan, no estudian, no se divierten? ¿Cuál es la ilusión de un niño común y cuál es la ilusión de Tomas?

      Son preguntas que no puedo responder pero que me cuestionan mucho y porque no decirlo, se me quiebra la voz y brota una gota de agua. Sin duda son experiencias fuertes que van viviendo estos pequeños y que marcaran su vida.

      Este cruce de frontera no es fácil. Y no me refiero al momento de ingresar al INM, me refiero a cruzar ese muro que vamos construyendo con prejuicios, donde juzgamos sin darnos la oportunidad de acercarnos a esta realidad.

      Al terminar nuestra visita después de pintar, comer, cantar y compartir o mejor dicho escuchar sus experiencias, terminamos siendo todo lo contrario cuando nos vimos por primera vez. Ya no somos unos desconocidos, ya nos conocemos y nos decimos hermanos. Un señor nos digo: no dejen de venir, alegran nuestro corazón para que también alegren el corazón de los que van a llegar. Nos despedimos con un apretón de mano y a veces un abrazo, pero siempre con una sonrisa y con un corazón agradecido por compartir la vida y nuestra fragilidad.

      No somos nosotros los que vamos a dar alguna platica o los que vamos a enseñar, son ellos, los migrantes, los que me enseñan a mí, me enseñan a valorar la vida, a seguir deseando algo mejor para todos, me enseñan a no dejarme vencer. Me enseñan a Resistir a pesar de todo.

      Hay ojos llorosos y desanimados, pero también hay una gota de lagrima en cada ojo que no ha dejado de desear una vida más plena. Lo que me mueve a ir cada sábado es ver esos rostros llenos de experiencia y ver en cada rostro y mirada a un Jesús encarnado. Jesús se hace uno con los migrantes y los migrantes me muestra a Jesús.

Paco Durazo

Resiste,
aunque a veces duela la vida.
Aunque pesen los muros
y el tiempo parezca tu enemigo.

Resiste,
aunque las lágrimas
surquen tu rostro y tu entraña
demasiado a menudo.

Aunque la distancia
con los tuyos
parezca insalvable.

Aunque el amor sea, hoy,
un anhelo difícil,
y a menudo te muerdan
el miedo, el dolor, la soledad,
la tristeza y la memoria.

Resiste.
Porque sigues siendo capaz
de luchar, de reír, de esperar,
de levantarte las veces que haga falta.

Tus brazos aún han de dar
muchos abrazos, y tus ojos
verán paisajes increíbles.

Acaso, cuando te miras al espejo,
no reconoces lo hermoso,
pero Dios sí. Dios te conoce,
y porque te conoce

sigue confiando en ti,
sigue creyendo en ti,
sabe que, como el ave herida,
sanarán tus alas y levantarás el vuelo,
aunque ahora parezca imposible.

Resiste.
Que hay quien te ama
sin condiciones,
y te llama
a creerlo.

Experiencia en el comedor por Melina -Noviembre 2016



El día de hoy llegamos al comedor y ya estaba servida la comida por lo que aproveché para ponerme en la ventanilla de entrega para poder servir. Esperando a que empezaremos recordé la primera vez que fui a servir; la situación del comedor. Era un tejaban con mesas y una mesa grande de herrería que era donde ponían los platos, a mi me tocó servir del agua de unos botes de plástico; y me puse a pensar, en cuanto ha avanzado esa gran obra, ya son 3 años de aquel entonces, y reflexiono a cerca de la oración de la mañana donde viene la lectura de los talentos y veo cómo de granito en granito se ha convertido en el comedor que es ahora, más cómodo y limpio para ofrecer un servicio digno a nuestros hermanos necesitados. Veo cómo la suma de un par de manos han marcado diferencia, veo cómo los talentos de cada uno de los voluntarios, por más mínimos que parezcan hacen que las cosas funcionen para mejor.

Qué alegría sentí al darme cuenta del lugar donde estaba y he estado durante estos 3 años.

Derrepente la fila de comensales empezó a avanzar y de nuevo a saludar a las caras conocidas y a las que no, también =)

Agradezco a Dios por ponerme ahí y dejarse sentir en mis hermanos que me bendicen una y otra vez al recibir el alimento.

Melina González Acuña

La migración en la Biblia

       En esta lectura deseo hacer una reflexión sobre la migración vista desde una óptica bíblica. Cuando me decidí por este tema no visualizaba la magnitud que tiene dentro de las Sagradas Escrituras, esto es como “desenterrar los cimientos de un edificio para mostrarlo”.

       La migración es quizá la única condición humana que tiene su fiesta en el antiguo testamento, esta es “Sucot” ó la fiesta de los tabernáculos. El libro del levítico solicito a los Israelitas; “Durante siete días vivirán en chozas; todos Israel vivirá en chozas, para que sus descendientes sepan que yo hice vivir en chozas a los hijos de Israel cuando los saqué de la tierra de Egipto: ¡Yo soy Yavé, su Dios!” (Levítico 23:42,43). Cabe señalar, la palabra “Pascua” se asocia también a la migración. “Pascua” significa “pasar”, la pascua judía celebra el éxodo de Israel y el paso por el mar cuando las aguas se abrieron, para nosotros, la Pascua es el paso que Jesús dio de la muerte a la resurrección.

       Por los relatos bíblicos podemos señalar que el primer migrante fue Adán tras su salida de Edén y su peregrinar por el mundo, desde ese simbolismo, todos somos forasteros de esta vida hasta retornar a la casa del Padre. La biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis hace alusiones a la migración. Podemos señalar algunas historias; Caín tras asesinar a su hermano termina errante., Noé para salvarse construye un arca - aunque se salva del diluvio - su residencia cambio., Abraham abandono su patria para ir tras una promesa., el hijo de Isaac, Jacob, tuvo que abandonar su casa tras la furia de su hermano Esaú cuando intentaba matarlo por robar su primogenitura., José – el soñador - descendiente de Jacob, al ser vendido por sus hermanos tuvo que emigrar a Egipto., Moisés siendo un menor fue dejado a la buena de Dios para salvarlo de la furia del faraón y después, al crecer, tras asesinar a un hombre tuvo que huir a una tierra lejana y hacer vida fuera de su casa adoptiva., El rey David también lo vivió, tras vencer a Goliath, tuvo que huir de la envidia del rey Saúl, su predecesor., En la historia de los profetas; Jonás tuvo que establecerse en el Nínive a causa de la predicación., Elías que tuvo que huir de su tierra cuando era perseguido por los adoradores de Baal., Daniel como migrante tuvo que ser fiel a sus creencias hebreas en el reinado de Nabucodonosor., Otro caso muy importante es la deportación a Babilonia, que propicia la migración obligada pero también inserta en la historia de la salvación ese anhelo por retornar a la tierra, de esta experiencia nacerá el libro de las Lamentaciones.

       La migración también es plasmada en los propios evangelios. La Sagrada Familia tuvo que huir a Egipto cuando el Rey Herodes mando asesinar a los niños ó tras la resurrección de Jesús, en la gran comisión – ir y evangelizar a los pueblos – los mismos apóstoles se convierten en migrantes. Las propias cartas del nuevo testamento están impregnadas del pensamiento migrante, desde los viajes de San Pablo con triunfos y derrotas, hasta la teología desarrollada por los apóstoles que toma como base los textos del antiguo testamento – la patria celestial - y el retorno de los justos al Reino del Padre (Apocalipsis 7:9).

       Entonces, si la historia de la salvación fue otorgada de esta forma, haciendo muchísimas alusiones a la migración, puedo decir que los personajes bíblicos emigran por dos motivos; ó buscan una esperanza ó huyen para salvar sus vidas. En nuestra vida espiritual esto podemos interpretarlo de la siguiente forma; ó somos migrantes de esta vida y vamos por la fe anhelando entrar al Reino de Dios ó somos peregrinos de la vida - que obra por la fe – huir del infierno destinado para los demonios y los malvados.

       Sigamos en este peregrinar de la salvación, alegrémonos de la redención que Jesús nos otorgó, celebremos la pascua eucarística en el templo, pero también, participemos de la pascua física que viven los hermanos migrantes en su travesía.

Juan Carlos L.T.

Experiencia visita INM - otra perspectiva

Un pre-supuesto humano...
El sábado asistí, en compañía de amigos, al Instituto Nacional de Migración (INM), con la firme intención de convivir/acompañar a nuestros hermanos migrantes «retenidos». Reconozco que la propuesta de asistir me emocionaba, no así el qué hacer, pues eso me llenaba de incertidumbre y ansiedad.
Seguir a Jesús provoca salirse de sí mismo, es confrontar las seguridades y certezas creídas hasta ese momento para andar un camino nuevo en libertad; no por nada Jesús reiteradamente nos anima diciendo: ¡No tengan miedo!.
Y sí, de camino al Instituto, el miedo me embargó y con él, aparecieron los pre-juicios:

Prejuicio número 1:
Desde el acceso, las puertas, el comedor y los guardias evocaron en mí la cárcel, un sentimiento de nostalgia me cimbró, pues era un regresar a aquella experiencia de acompañamiento con jóvenes internos durante tres años. Reglas, precauciones e indicaciones para convivir resurgieron.
Pero no, ellos no son internos, son migrantes; ellos no están detenidos por algún delito, sino están retenidos -decía el guardia- por buscar una mejor vida en otro país.

Prejuicio número 2:
Como primer contacto, la actividad sugerida era la de colorear mándalas, que desde la razón, creí poco conveniente para hombres curtidos por la vida; pues pensaba: ¿acaso no era demasiado infantil para ellos?

Prejuicio número 3:
La concepción interna de Dios es tan variada, tan diversa e íntima, que hablar de ella, resulta muchas veces incómoda y hasta violenta, sobre todo si no se conoce a la persona y su historia. Evite hablar de Dios como me fue posible y de dónde veníamos, pues tuve miedo de que nos «dieran por la suave» y que nos encasillarán en un grupo religioso. ¡Qué ironía, el prejuicio de caer en un prejuicio!

Abriéndonos a la Gracia...y al Amor
Pero Dios, que es un Dios de sorpresas, me había preparado una, pues Él  rompe nuestra idea de felicidad por una más plena.
El escuchar como una actividad (la de colorear) había sido tan significativa y tan relajante me sorprendió, pero sin duda el agradecer de ellos a Dios por estar con nosotros, me dejó absorto:
¡¿Cómo era posible que algo tan «sencillo» e «infantil» diera un fruto abundante?!
No tengo palabras para ello, solamente puedo decir que así es la Gracia y el Amor de Dios, y esto me basta.

Tal vez este encuentro con nuestros hermanos migrantes fue como la tercera vez que el Señor se les apareció a los discípulos (Juan 21,7-13), pues no supimos reconocerlo al principio, pero después de escucharlo, ceñimos nuestras túnicas y nos lanzamos al agua, sabiendo que a la otra «orilla» del comedor estaba Jesús esperándonos para compartir el café y unas cuantas galletas.
Santiago

Experiencia visita INM

sábado 25 de Junio del 2016


Sentí que mi corazón ardía de emoción, sentimientos encontrados; emocionada por estar y poder ir al INM y ya al entrar y ver sentir que los tienen “presos” mi corazón se hizo pasa, y el enterarme que eran alrededor de 80 personas me impactó muchísimo!!
Creo que me paralizó físicamente estaba en un estado de shock, por un momento no sabía que haría, que diría, cómo sería mi comportamiento ante ellos, puros hombres creo yo menores que 40 años, que dejaron su terruño, que arriesgaron todo, que venían con una ilusión, que se lanzaron al reto de cruzar, mar, tierra, desierto y de pronto encerrados “guardados” mientras el consulado de su país los solicita y eso puede tardar días o meses…
Esta realidad no la había vivido al lado de ellos, saberlo por boca de ellos, sentir y ver el dolor en sus rostros, todo lo atesoré en mi corazón!! Hasta el punto de enfermar por pensar en ellos y sentirme tan impotente por no poder hacer nada…
De nuevo descubro que no fui a dar, fui a recibir… encontré los rostros que son motivo para mi oración y discernimiento, recibí bendiciones sinceras de hermanos que quizá no los volveré a ver pero son las más sinceras que me han dado, hay mociones en mi las provocaron los ojos de cada uno de ellos…
Valió la pena haber esperado tanto para poder ir, agradezco a mis hnos. de comunidad CVX por haberlo hecho posible porque nos une y mueve ese espíritu de Dios para ir al encuentro de los hermanos.

Yadira

Los migrantes hacia el norte, una y otra vez.

       Las vías del tren, antaño símbolo inequívoco del progreso, hoy es un ligero anacronismo apenas funcional que lleva paquetes industriales de mercancía y miles de personas que recorren una accidentada geografía en busca de mejores oportunidades. El fenómeno de la migración no es nuevo: parece inscrito en el código del ser humano pero se ha acentuado de forma alarmante en el último siglo debido a las guerras, las desigualdades sociales y las enormes diferencias económicas.
        Johan Galtung, sociólogo noruego, explica los éxodos migratorios desde el concepto de violencia estructural: andamios invisibles pero siempre presentes que se dan en las condiciones sociopolíticas como la represión, la explotación y la marginación y las gigantescas diferencias entre clases.
       Sonora no son ajenos a esta problemática: ruta lógica y natural de los migrantes, Sonora se ha convertido en un paraje obligado. Tomemos por caso, Hermosillo: todos los días decenas de personas deportados de Estados Unidos o que apenas van en su periplo, bajan de los vagones del tren en la Estación Cementera. Ahí, los nómadas modernos buscan descansar al amparo de las tímidas y escasas sombras, en espera del siguiente tren o si acaso, buscar el regreso a casa, como si fueran un Ulises breve y nostálgico, regresando a su ansiada Ítaca.

       Espera Ernesto, un joven de 23 años, proveniente del turístico pueblo de Palenque, Chiapas. Recorrió los 4 mil kilómetros en tren para ser deportado a los 11 días de haber cruzado la frontera. Lleva un tatuaje en el brazo derecho de una calavera que si uno ve de forma rápida, se asemeja con la Santa Muerte. “Voy a volver a intentarlo, tomaré el tren esta tarde hacia Caborca”, dice Ernesto, con un enérgico gesto cargado de una voluntad inquebrantable. No hay marcha atrás: Ernesto no piensa volver a su natal Palenque y su destino sólo admite cruzar la frontera por Sonoyta, tierra que representa un enorme peligro ya que está lleno de burreros (personas que hacen del trasiego de drogas su negocio).
       La frontera Sonora-Arizona no conlleva los mismos riesgos que la de Texas-Tamaulipas, donde entre los rancheros norteamericanos y los sicarios de los grupos narcotraficantes, son una sentencia de muerte hacia los migrantes que luchan por un mejor porvenir. Sin embargo, hay una paradoja que se antoja horrible: las leyes de Arizona cada vez se vuelven más estrictas y con espíritu anti inmigrante, han extremado vigilancia y se ha impulsado una cultura tipificada en las palabras del candidato republicano Donald Trump. Ernesto cruzó por el desierto en compañía de 5 personas más. Un desierto inhóspito que alcanza temperaturas, en esta época de hasta 40 grados. Y va a volver a intentarlo tan pronto como llegue el tren a la estación Cementera.
       Hojalatero de profesión, convendría analizar el porqué de renegar de su tierra. Ahí es donde aparece la gran tragedia de todos los migrantes-y en general del país entero-: prefieren poner su vida en riesgo, llevar a su cuerpo al límite y sortear los peligros de los grupos criminales a intentar llevar una vida en México, ese México cuya falta de oportunidades se convierte en una tierra sombría. El joven con el tatuaje de calavera en su brazo derecho ha tomado su decisión: se va a entregar a un sueño y una ilusión en el que se le promete un futuro. Existen otras historias, sin embargo, que diversifican el crisol de realidades: Hermosillo ofrece otras opciones. Varados en las vías del tren-literalmente-, los migrantes buscan trabajo para poder sobrevivir (ya que si son deportados no cargan con dinero alguno).
       Entonces se convierten en un semillero para los campos de la costa, donde van de jornaleros a cosechar y recoger. Ahí los llevan con promesas de 180 pesos al día, sin embargo, las condiciones laborales son traumáticas. Tomás Vital, oriundo de Parral, Chihuahua trabajó en uno de los campos del Poblado Miguel Alemán para juntar dinero y pagar los gastos de su tercer intento para cruzar al otro lado de la frontera. En el campo se encontró con el desasosiego de las mentiras: los 180 pesos prometidos eran una quimera y las jornadas laborales se convirtieron en horas maratónicas, además, supervisados a todas horas para que no escaparan. “Era como una cárcel. Nos tenían vigilados hasta para ir al baño, pagaban cuando querían. Ya te digo, eso era como estar esclavizado”, relata Tomás. Confinados en un galerón, el hombre de Parral finalmente pudo escapar una noche y ahora se encuentra esperando el tren que lo lleve a Altar, ese pueblo enclavado en medio del desierto y que según datos del Instituto Nacional de Migración, recibe cerca de 2 mil migrantes al día.
       Ahí, relata Vital, hay una cuota de mil pesos tan sólo para poder estar. Ese dinero va a un ente amorfo sin cara y sin nombre. Altar, una población que no pasa de los 15 mil habitantes ha visto proliferar negocios de hoteles para dar abasto. Hay otra cuota de 200 dólares en Sonoyta para poder brincar la barda, cuenta Tomás, más aparte la cifra que se acordó con el guía-como eufemismo de ‘pollero’-. Con sus ojos verdes, Tomás Vital dice que volverá a cruzar porque es la única opción. “Hace poco escuché al Papa decir que aquellos que construyen muros en vez de puentes no son cristianos”, finaliza el hombre que volverá a revivir su particular ilusión.
        No es bienvenido el miedo en la mente de los migrantes: la muerte es una sombra con la que se viaja y que amaga en convertirse en el destino. Todos se convierten en enemigos mortales: el clima, los hombres que han convertido la migración en un negocio cruel, sórdido y tortuoso, las mismas autoridades y hasta el propio cuerpo que puede sucumbir de un momento a otro. Se aferran a la idea ambigua del futuro llevando su pasado a cuestas en esa mochila que es su último signo de identidad: lo que fueron y los que se quedaron allá, esperando su regreso. Hombres que insisten en el aforismo que escribía Alexis de Tocqueville: “cuando el pasado ya no ilumina el futuro, el espíritu camina en la oscuridad”.

       En el estudio “Un camino incierto”, presentado en el Colegio de Sonora, el sacerdote Pedro Pantoja, integrante de La Casa del Migrante en Saltillo, mencionó que gran parte de las agresiones que sufren las personas migrantes son hechas por integrantes de las Policías Municipales, Estatales y Federales. “El migrante nunca descansa, vive una psicología de guerra espantosa”, relató el clérigo.       
       De las agresiones hechas por las autoridades, el 29.8 % son realizados por policías federales, mientras el 22.8% recaen en el cuerpo de la policía municipal. Convertidos en un grupo vulnerable e invisibilizado por las autoridades, ya que sus programas son paliativos sin mucha estructura –como el impulsado por el alcalde de Hermosillo, Manuel Ignacio Acosta donde se le dará trabajo por 2 meses a 60 migrantes-, el problema es de fondo: el fenómeno de la migración es la consecuencia de un país incapaz de darles oportunidades dignas a sus propios ciudadanos.
       Son los migrantes, entonces, una población flotante sin ninguna certidumbre legal que los ampare. Habitantes entre dos tierras-o tres, en caso de los centroamericanos- que no les atienden, o lo que es peor, son indiferentes a la odisea tan cruel de cruzar un desierto en pos de una mejor vida.

Omar Quintana
 


Experiencia Taller Hospitalidad - SCJ

       Esta experiencia de compartir el taller de hospitalidad con las y los jóvenes del grupo Arcoíris de la Parroquia Sagrado corazón de Jesús, dejó en mí los sentidos abiertos para ir escuchando el soplo del Espíritu. Al principio me sentí un poco asombrado y asustado por ver la gran cantidad de chav@s presentes y fue repetir lo que dice San Ignacio: Has lo que puedas hacer, dejando lo demás a Dios. Así comencé el taller disponiéndome para ser testigo de lo que iba ir viviendo en compañía de este grupo. Fue nuevamente encontrarme con un Dios alegre, humano, un Dios que se preocupa y ocupa del otro. Conforme íbamos avanzando, Jesús me iba mirando más a fondo, descubrir en el migrante el deseo de búsqueda, ese anhelo de una vida mejor (como dicen los indígenas Tzotzil Lekil Kuxlejal) El ser peregrino con el deseo de una vida plena. Y al darme cuenta de lo que tienen que pasar para llegar al ‘otro lado’. Sufren discriminación, abusos de la autoridad, prejuicios de la sociedad, en pocas palabras son los invisibles sin nombre ni apellido, los nadie, son esas personas de las que ‘me tengo que cuidar’. En estos tres sábados de taller se fueron uniendo cosas personales, casi para terminar el taller, la puerta de Catedral fue quemada. Me sorprendió mucho la reacción de la gente con comentarios que hacían en redes sociales (son delincuentes, sacrílegos, blasfemos, no tienen perdón, etc.) Bueno a que viene este comentario. Como dice Jesús a los fariseos: “por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad” (Mt 23, 27-32).
Nos indignamos por algo ‘material sagrado’ y no pegamos el grito en el cielo cuando uno de nuestros hermanos es pisoteado, en este caso un migrante cuando es víctima de abuso de autoridad, no decimos nada. ¿Por qué? Porque ellos para nosotros son delincuentes. Esta es la segunda vez que participo en el taller de hospitalidad y cada vez me siento más confrontado con esta realidad tan compleja. Me siento invitado a bajar y tocar las heridas de Cristo en esta situación en concreto que son los migrantes, yo los llamaría peregrinos con sueños, tanto a migrantes como indigentes. 

Ser peregrino e ir construyendo una vida plena, es el sueño de todo caminante...

Paco
Marzo 2016

Una experiencia del Taller de Hospitalidad Migrante

Entre hambres, prisas y nervios, asistía e impartía el Taller de Hospitalidad Migrante. El templo del Sagrado Corazón en la colonia 5 de Mayo, y el grupo de Arcoíris fueron los indicados.
Al iniciar, y  por un momento, el corazón se sintió abrumado por la cantidad de jóvenes, pero a la vez, latía emocionado por buscar un bien mayor.
Así una vez comenzado, y durante 3 sábados, la consigna fue dejarse guiar por el Espíritu, sin anteponer expectativas, prejuicios o ideas sobre el cómo de las sesiones; siempre buscando una actitud de quién descansa en Dios, repitiendo en mi interior: ‘Esto es de Dios, a Él le tocará juzgar; además, las cosas de Dios nunca salen mal´.
Me dejé mirar por ese Jesús migrante, que nos anima a seguir esparciendo, al voleo, semillas del reino de Dios, sin saber exactamente ‘cómo germinan’.
 
Santiago
Febrero 15, 2016.

Desde el Taller de Hospitalidad


Este fue mi primer taller en donde participe, me preguntaba en qué consistía este taller. Al llegar al Vanguardia me encontré con jóvenes entusiasmados, llenos de energía, jóvenes que se dan cuenta que hace falta hacer algo más.
En la primera parte del taller después de la dinámica comenzó el tema, primero pasaron unas imágenes buscando quien podría ser un presunto secuestrador, la instrucción fue elegir a tres candidatos. La respuesta de los jóvenes me sorprendió, cuidaron bien a quien elegir, la gran mayoría eligió a un señor mayor que parecía tener dinero y no eligieron a los que normalmente son tachados por la sociedad, por su apariencia de ‘’bandidos’’ esto provoco movimiento en mí, y me venía a la mente las veces en que yo hacía a un lado a un indigente, recordaba algunas de las veces que he andado caminando y me encuentro con una persona indigente mal vestida y por ‘’seguridad’’ cambio de dirección.

Me sorprende como los prejuicios sociales están insertos en cada persona, que nos dejamos guiar por ellos, y juzgar solo por la apariencia, es increíble como estos prejuicios rigen nuestra forma de comportarnos con los demás, bueno como rige en mí, hablando en primera persona. Un joven del Colegio Vanguardia decía que dependiendo como se vea la otra persona es como la ayuda, y no refiriéndose si se ve fregado lo ayudo mas, no, sino si se ve fregado lo ayudo poco o nada. La forma de ayudar en nuestra sociedad es si realmente lo necesita que trabaje, si lo necesita y tiene lo ayudo.

Esto mueve en mí varias cosas y resuena mucho lo que decía San Ignacio a sus compañeros usando una frase bíblica. ‘’ dad gratis lo que gratis recibieron’’ (Mt 10,8) y hacerlo a los más pequeños porque es al Señor a quien ayudamos, y es aquí en donde se une nuestra fe y la vida, y es un acto del salir de mi propio amor querer e interés para poder ir al otro/Otro. Surgen invitaciones de estar más atento al otro, de poder brindar una mano a mi hermano indigente/migrante. Cuando salgo de la Universidad al cruzar el puente me encuentro con varias personas sin hogar, sin techo, su techo es el puente, me reciben al subir y me reciben al bajar. Las pocas veces que lo he mirado a los ojos me dicen mucho, me muestran unos ojos preocupados, unos ojos que necesitan cariño, unos ojos que no tienen oportunidades.

Todo lo anterior nace del primer día del taller del compartir con los chavos del Vanguardia. Del tema prejuicios. Renunciar a los prejuicios es salir de mi amor, querer e interés es dejar mi ‘’seguridad’’ porque lo uso como instinto de alerta; es dejar de pertenecer a un mundo que cree que lo que juzga es lo verdadero es lo correcto, es decir dejar los prejuicios sociales es estar en el mundo pero sin ser de él.

Paco Durazo.
Taller de Hospitalidad Migrante impartido a alumnos del Colegio Vanguardia, Octubre 2015
Hermosillo, Sonora.

Cada miércoles

Comedor San Luis Gonzaga 14 de Octubre 2015

Cómo cada miércoles, formada en la línea de producción para servir los alimentos a los migrantes en el comedor San Luis Gonzaga, repartiendo a toda prisa los trastesitos del arroz (actividad que me tocó realizar) me llamó mucho la atención que a pesar de que el menú eran frijoles caldudos con salchicha y arroz, hubo un señor con carita redonda que sonreía de oreja a oreja mientras le llenabamos su charola, muy agradecido y muy contento se me quedó grabada su carita.

Con esa imagen en mi cabeza regresaba a mi trabajo, cuando en el radio se oyó una noticia a cerca de un "artista" (de esos cantantes nuevos) que coleccionaba carros, así como se lee coleccionaba carros. La noticia era una invitación a entrar a su red social, para ver cual era su nueva adquisición; aun no puedo dejar de pensar en cuántos platos de frijoles caldudos y arroz saldrían solo de uno de esos carros, que han de estar metidos en una cochera sin moverlos para no maltratarlos; cuántas sonrisas saldrían de uno siquiera, y no hay red social que pueda mostrar el sentimiento de amor incondicional de Dios al ver a estos hombres poder recibir su charola, la cual quizás, sea su única comida del día.

Artistas que no transmiten amor, solo son "artistas". Artista es más el padre Lesama quien dijo alguna vez que quería hacer crecer el comedor pero, en sus palabras: "ni un solo ladrillo por un plato de comida"... Nunca lo olvidaré.

Melina González Acuña

Grata sorpresa


Me re-encontré con ‘El Chapo’, migrante internacional de origen michoacano, deportado últimamente desde Illinois, EE.UU. por su mal comportamiento - vaya usted a saber lo que signifiqué eso - a Hermosillo, Sonora.

Lo conocí en el año 2014, ganándose unos pocos centavos por lavar autos y siendo víctima del abuso policíaco a causa de su adicción al alcohol, que por ese entonces, añoraba dejarla. Deseaba convertirse en ‘alguien’, ya que él tenía valores enseñados por la Iglesia, y regresar ‘al otro lado’ donde lo esperaba su esposa e hija.

Un día, sin más, me comentó que se iría, que cruzaría por el desierto trabajando para el ‘narco’, pues era la forma más segura de entrar; y sí, así lo hizo.

El volverlo a ver y escucharle esas historias, a veces animadas por tener público a quien le interese, ayuda a crear una conciencia de lo difícil que ser migrante, ser de esas personas que dejan su ‘todo’ por la ‘nada’, que caminan por el desierto sin agua ni comida, dejando sus huellas, ya sea por el cerro del Buda o atravesando el río Gila, solamente para dejar la ‘merca’ - pasaporte americano no oficial - muchas veces no pagada. 

El ‘chapo’ regresó, no para ‘echar raíces’, pues a él no le gusta estar atado, simplemente para retomar esas fuerzas que lo llevan a enfrentarse, una y otra vez, contra la quimera llamada sueño americano.


Santiago

Mi sentir en el Taller


Mi experiencia fue que desde que supe que iría al colegio empecé a orar por los chicos que irían al Taller, y ese día me sentí emocionada, preparada, contenta, esperanzada con ganas de trasmitirles el valor de la hospitalidad en medio de un mundo tan hostil que vivimos y más en sus ambientes y a su edad.

Al llegar ya casi la hora no veía que vinieran los chicos, pero bueno poco a poco llegaron poco más de 32 jóvenes de preparatoria,

Este primer tema de detectar los prejuicios me parece muy clave y en esta ocasión sentí la necesidad de pedirle a Dios me dé un nuevo corazón, y unos nuevos ojos que me ayuden a ver cómo El ve, cómo El me ve, cómo El ve a los demás pues son sus hijos, mis hermanos…somos iguales pero diferentes cada uno con diferentes cualidades y capacidades y dotados del Espíritu de Dios que da vida y un amor grande y constante.

Me sentí bendecida afortunada de estar allí en ese momento, se renovaron mis fuerzas, mi deseo de acrecentar el deseo de servir a Dios en los hermanos migrantes, es un constante jaculatoria resonante en mi corazón.

Creo que la semilla ya se echó el sábado y confío en la obra del Sembrador que es Dios y su Espíritu Santo.

Yadira Aguirre
Primera parte del Taller de Hospitalidad Migrante impartido a alumnos del Colegio Vanguardia, Octubre 2015
Hermosillo, Sonora.

Lo mejor de la hospitalidad cajemense

Todo comenzó en una ciudad de Estados Unidos de donde un inmigrante indocumentado fue deportado a Tijuana. Allí decidió quedarse a trabajar por unos meses hasta que un día consideró que era tiempo de retornar a su lugar de origen en la región centro de México. Por ahorrarse un dinero y no llegar a su pueblo con las manos vacías, optó por viajar de “trampita” en el tren. El viaje transcurrió sin mayores contratiempos hasta Empalme, pero esto muy pronto cambiaría.
 
En esta ciudad, platicaba el migrante, se subieron unos chavos en un vagón contiguo al que viajaban un compañero de camino y él; casi llegando a Esperanza los dos migrantes observaron que los chavos empezaron a bajar las escaleras desde el techo a la entrada de su vagón, y agrega: “uno pensó que nos iban a pedir algo o que se querían venir con nosotros, ya de ahí cuando se bajaron los cuatro chavos, se pusieron así, otro aquí, se puso otro acá y dice uno de frente: “¿a dónde van locos?””. Entonces “los chavos” les insultaron, amenazaron con un cuchillo y robaron sus pertenencias: una mochila con el dinero que pensaba ahorrar. El tren todavía iba a buena velocidad cuando lanzaron a su compañero fuera del tren; él les dijo que por favor le dieran oportunidad a que el tren se detuviera un poco, que no los iba a denunciar, y le contestaron: “túmbate loco” y acto seguido con una fuerte patada lo arrojaron fuera del tren. Todo esto ocurrió en la noche y no fue hasta el siguiente día muy temprano cuando reaccionó. Llegó la policía y luego una ambulancia para trasladarlo al hospital y curarle su pierna fracturada.
 
Cuando fue dado de alta, solo y sin recursos en una ciudad desconocida, fue llevado a la Casa del Pobre y del Migrante «El Buen Samaritano», la cual está a cargo de la Diócesis de Ciudad Obregón. En esta casa lo recibieron: le dieron alojamiento, comida y varias llamadas telefónicas para reportarse con su familia. Así como a él, en esta casa, establecida en el 2011, han recibido miles de migrantes en tránsito por nuestro estado. Y es que Sonora es un lugar de paso de migrantes que van hacía Estados Unidos, más de cien mil anualmente, y de mexicanos deportados que vuelven a un país donde ya no está su hogar, cerca de cuatrocientos mil por año en el último quinquenio. Las vidas de estas personas están en una situación extrema, viven día a día entre el peligro y la incertidumbre; una necesidad de tal alcance, merece una respuesta magnánima y generosa como la ofrecida en esta casa. Esta casa refleja lo mejor de la hospitalidad cajemense hacía las personas migrantes, lo mejor de la hospitalidad de mi tierra, de la cual todos podemos aprender.
 
Rolando E. Díaz Caravantes

Mi relato

Comedor San Luis Gonzaga 2 de Septiembre 2015
Fue un día nublado, un poco sofocado pero con menos calor que otros miércoles; el solo hecho de llegar al comedor ver los rostros enegresidos y sucios,  pero aún así, recibiéndonos con alegre saludo y sonrisas rebosantes en sus labios, ya le hace a uno olvidar los "problemas"  con los que creemos lidiar a diario.
Este día fue tranquilo,  había poca gente y había algunas manos más ayudando, así que aproveché para tomar mi posición favorita de la línea productiva: entregar los platos.
Así empezó una jornada más. Avanzando por las ventanillas viendo ojos de todos colores,  ojos que te miran,  ojos que se desvían,  ojos que chispean,  y es ahí donde empiezan a llover las bendiciones "Dios los bendiga",  cantan las vocesitas y mi alma por dentro contesta: "lo acaba de hacer hermano mío ¡qué regocijo!"
Como cada miércoles,  todo transcurrió tranquilo,  pero no se me olvida una carita que se iluminó al recibir el alimento y no pudo evitar decirme "un platillo diferente"; me dejo pensando en cuantas veces uno no valora lo que a diario tres veces (por lo menos)  al día se sirve en nuestras mesas,  ver la alegría de ese hombre por ese "simple"  detalle me conmovió.  Qué sencilla es la felicidad y nosotros,  por lo menos yo,  la recibo tres veces al día.
Al final no pudo faltar la repetición y aun así sobró para que la fila de "para llevar"  se fuera cargada,  qué bendición,  todos iban contentos "estuvo sabroso"  eran sus comentarios. Salimos corriendo,  como siempre,  y sus manos nos daban la despedida ¡qué alegría!.
Doy gracias a Dios por la oportunidad de recibir tal bendición cada miércoles a las 12 del medio día.
Melina González